"¿QUIEN SOY?"
"En la fidelidad a las pequeñas cosas de cada día
se forja la fortaleza para los grandes momentos."
San Héctor Valdivielso Sáez
(Hermano Benito de Jesús)
Soy Héctor Valdivielso Sáez, conocido en la vida religiosa como el Hermano Benito de Jesús. Nací el 31 de octubre de 1910 en el barrio de Boedo, en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Aunque gran parte de mi misión la llevé a cabo en España, mi nacimiento en suelo porteño me convierte en el primer santo argentino de la historia, proclamado por la Iglesia Católica.
Mi infancia, vocación y formación
Mis padres, inmigrantes españoles procedentes de Briviesca (Burgos), se instalaron en Buenos Aires buscando un futuro mejor, y allí fui bautizado en la Parroquia de San Nicolás de Bari. Años más tarde, mi familia regresó a España, donde comenzó a germinar mi vocación religiosa.
El llamado a la enseñanza: A una edad temprana sentí una profunda inclinación hacia el servicio a Dios y la educación de la juventud, lo que me llevó a ingresar al noviciado de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle).
El Hermano Benito de Jesús: Al hacer mis votos, tomé este nombre religioso, asumiendo con alegría el carisma de San Juan Bautista de La Salle: consagrar la vida a la formación humana y cristiana de los niños y jóvenes, especialmente de los más necesitados.
La misión en Turón y el entrega de la vida
En 1933 fui destinado a la escuela de los Hermanos de La Salle en Turón, una localidad minera de Asturias (España). En un contexto social y político tenso, marcado por fuertes conflictos ideológicos y la persecución religiosa previa a la Guerra Civil Española, mantuvimos abiertas las puertas del colegio para continuar enseñando y acompañando a nuestros alumnos.
El 5 de octubre de 1934, durante la Revolución de Asturias, fui detenido junto a siete Hermanos de mi comunidad y el sacerdote pasionista que nos capellaneaba. Permanecimos encarcelados con serenidad y oración, dando testimonio constante de perdón y fe.
El 9 de octubre de 1934, a los 23 años de edad, entregué mi vida por el Evangelio en el cementerio de Turón, convirtiéndome junto a mis compañeros en uno de los Mártires de Turón.
Canonización y legado de fe
Fui beatificado por el Papa Juan Pablo II el 29 de abril de 1990 y canonizado por el mismo Pontífice el 21 de noviembre de 1999 en la Basílica de San Pedro en Roma.
Mi vida y martirio son un recordatorio permanente para la Iglesia y la sociedad de que el amor, el perdón y la vocación de educar prevalecen por encima de todo odio o violencia.
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